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Absurdos represivos II (Pintándome las uñas, me salí)

En León, Estado de Guanajuato (México), una chica de dieciséis años, vecina de la colonia Brisas del Vergel, fue sorprendida por la policia el 31 de julio de 2008 y arrestada a las 13:25 horas, cuando pintaba en el respaldo de un banco en una zona peatonal, frente a la Fuente de los Leones. Lo peculiar de esta brevísima noticia, aparecida en Milenio.com, es que la muchacha se había servido de un esmalte de uñas negro para realizar sus pintaditas: nombres y algunas frases. Tras su detención, la menor fue llevada ante el oficial calificador en turno para responder por los daños realizados al municipio.

 
Evidentemente, bajo el Imperio de la Ley, no hay crimen sin castigo. Pero, ¿es esto un crimen? ¿Es necesario convertir este tipo de comportamientos en delitos o conductas a corregir? ¿Es verdaderamente un daño al municipio?
 
El esmalte de uñas tiene, sin duda, un valor simbólico en nuestra cultura, pues su uso por las niñas supone un paso más en su tránsito hacia su construcción como mujer, como persona adulta. Quizás parezca algo meramente estético, pero conlleva, como todo maquillaje o su ausencia, un peso importante a la hora de que un individuo disponga su presentación pública, caracterice su identidad frente a los demás de un modo reconocible por parte o por toda su sociedad.

También el uso del aerosol supone un tránsito a un estadio de adulto: es un material que no es propio de niños, es algo más que unos lápices o unas ceras, algo más todavía que unos rotuladores. El aerosol es de hombres. Pero ojo, el hacer cosas o usar instrumentos asignados a los adultos, no te hace adulto, si no eres consciente y responsable de todo lo que supone. El hombre es hombre por tener una conciencia plena de sus actos. Pero en ese saber emplearlo, no hay que restringirse a un modo o una manera de hacer. Hay lugar para la experimentación, aunque parezca a su vez más propio de niños.

Que se recalque el color de ese esmalte (negro) no es algo gratuito. El periodista nos está dando pistas para que configuremos en nuestra mente la imagen general de esa muchacha, que debe aparecer mediáticamente como una rebelde, excéntrica o inadaptada adolescente, pero inquietantemente muy femenina. En ese caso concreto, el lector mexicano vinculará a la chica, por ejemplo, con la estética metalera, dark o a la del Visual Kei, de origen japonés, y que suscita hoy por hoy el interés de los medios mexicanos por su llamativa originalidad y arraigo juvenil. No pensemos aquí, pues, en una clave netamente gótica, siniestra o hasta satánica a la europea, ya que en España igual tenemos otros patrones o referentes todavía. No van por ahí los tiros de esta caracterización.

El que se pinte un banco -un banco de sentarse- nos sitúa ante un atentado contra el mobiliario urbano y, por tanto, contra la comunidad. De ahí que se considere sancionable por su representante que es el gobierno municipal. No obstante, ¿qué tiene el esmalte de uñas? Mejor dicho, ¿por qué el periodista insiste en el concepto de que “hasta con esmalte se raya y no sólo con aerosol”? Por de pronto y ligándose a la viva polémica represiva-integradora en varios estados de México, la idea de que la vorágine graffitera, entendida como impulso antisocial es imparable y por eso hay que prestar más atención, estar alerta.

Cuestión que, en cierto sentido, ejerce una perversión en la comprensión del fenómeno, pues determina que el uso del aerosol estaba con anterioridad a la ocurrencia de usar el esmalte y que tal conducta es posterior a todo lo que surgió y se derivó del Writing neoyorquino. La cosa, claro está, es hacer interesante la noticia (aunque pueda lindar la frontera de lo que sería estrictamente una noticia, una información). Inclusive, justificar el tema como noticia, pues ha de parecer lo más especial o anómalo posible para ser considerable como digno de ser noticia para el público.

Pero, ¿pintar o escribir los bancos con lo que se tenga a mano es algo nuevo, a destacar? No, más bien es algo ya tradicional. Pero sí detener a una persona por ello y ahí debería de haberse hecho más hincapié el periodista y centrar el análisis en la parte administradora y no en la chiquilla. Preguntarse por qué el poder persigue esto, por qué lo pasa a considerar un acto sancionable judicialmente, por qué es relevante en las acciones municipales o se considera algo pernicioso para la ciudadanía, etc. Ese es el gran misterio, la noticia relevante.

Por otra parte, el atentado físico, digamos con un resultado palpable, visible es siempre más llamativo y notable que otro quizá más negativo, pero no tan manifiesto. Pues, ¿no es acaso mayor atentado contra la comunidad diseñar bancos que incitan más al tránsito que a permanecer y vivir la calle, en los que el ciudadano no puede sentarse cómodamente, reposar correctamente su estructura ósea; o por sus materiales no dejar de sentir un excesivo frío o calor; aparte de la molestia por su deficiente orientación, su ubicación en un entorno nada agradable o, incluso, su ausencia? Pero eso se obvia, no parece tan preocupante, pues se supone que el poder que lo puso sabe lo que hace y quiere tu bien, aunque el banco deje de ofrecer la principal función de un banco.

En cambio esa chiquilla, menor de edad, no sabía lo que hacía. Era una insensata o una inconsciente que de dejarla ir en sus hábitos podría perderse, conllevar un mal ejemplo y generar el germen de una revolución caótica. Pero, tranquilidad. Al menos se ha detectado a tiempo su desviación y podrá corregirse debidamente.

Aquí paro otro momento, para hacer otro inciso. ¿Es un mal ejemplo pintar un banco, usarlo como plataforma de expresión en un grado íntimo o exageradamente abierto? Hombre, no es algo tan extraño, si el banco no te resulta agradable o acogedor, lo tratas de hacer más grato, más tuyo. Si es el banco donde se reúne tu pandilla de amigos; te sientas habitualmente o has tenido una vivencia especial, en cierto sentido pasa a ser “tu banco” y se plantea cierta justificación. Es algo de sentido común. En casos extremos, como en los de los mendigos, se puede hasta convertir en tu domicilio, pero sin olvidar que es un bien comunal y, en consecuencia, muy apropiado para ello. Por tanto, creo que esa muchacha sabía bien lo que hacía y que ponía su sentimiento en ello, había captado bien los mecanismos sociales y se estaba integrando en el orden humano.

Posiblemente, hablando de orden, haya otra cuestión inquietante: si sobre un banco no está previsto escribir, con el esmalte de uñas tampoco hacerlo. A esa estricta compartimentación de las actividades humanas se le puede calificar como: orden, en una vertiente lo más anticreativa posible, contranatural y perniciosa para el crecimiento humano y el avance social. En ningún caso es el orden supremo, pues insatisfactoriamente adolece de carencias en la comprensión del desarrollo de los seres humanos. Resulta un esquema parcial, restrictivo.

Lo verdaderamente anómalo sí sería la destrucción del banco. Ese sí que es un atentado, algo serio a tener en cuenta, pero pintar o escribir sobre él no es malo de por sí, son acciones constructivas, incluso si las grafías se realizasen mediante incisión. Muestran un apego por el mobiliario, un tenerlo en cuenta, un respeto por el uso. Más bien, habría que valorar la intención o el contenido como signos de una posible malicia, no más.

Incluso, ¿quién es quién para borrar un corazón de enamorados, la lista de un grupo de amigos, un yo-estuve-aquí? ¿Tú serías capaz? Yo no. Conlleva la destrucción del momento de una vida, la ruptura de un compartir, la memoria de unos sentimientos... la destrucción de la Historia.
 
Mañana sacaré del banco de mi calle un reintegro de amor. Lo quiero en billetes pequeños, mejor en moneditas, para poder dejarlo por entre las juntas mal cerradas de los baldosines de cemento que recubren el suelo que pisamos en esta ciudad. Como huchas de sentimiento, allí invertiré en los corazones de los hombres del mañana, los niños que, divertidos, hurgan en las grietas y convierten en tesoros los deshechos que ya no nos miran. Nadie podrá impedirme esmaltar mi esperanza. Nada podrá ocultar mis ganas de vivir.
 
 
Fernando Figueroa
Doctor en Historia del Arte
www.graphitfragen.com
Agosto, 2008 

Publicado :2008-08-09

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