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Inicio > Reportajes ¿Arte o vandalismo? Dejate de tontunas simplemente espectáculo
El debate casi ancestral de si el Graffiti es
arte o
vandalismo
parece pasar a la historia. En estos momentos se cuela con gran
potencia un nuevo concepto que incipientemente ha estado ahí rondando y
ahora se muestra en todo su esplendor: el Graffiti como
espectáculo.
Si vemos las últimas noticias llegadas desde México, como la convocatoria por
Esto
también está pasando en Europa y en España con eventos algo más
modestos en relación con la escala americana, pero ambiciosos. Por
ejemplo en este año se celebraron tres exhibiciones nacionales donde se
subrayaba especialmente la cantidad de participantes, sin descuidarse
la calidad de las obras, o, sobre todo, la cantidad de metros cuadrados
a cubrir. Una en el Festimad Sur, en Leganés (Madrid) 20 escritores
quisieron batir en junio la marcha de pintar una tela de 600 metros que
bordeaba el Estadio de Butarque. Otra
en Las Palmas en noviembre
Particularmente,
no creo que se pueda juzgar negativamente esta tendencia del Graffiti,
pero si alertar sobre que si se hace poniendo el énfasis en el
componente cuantitativo, se puede provocar la rebaja en la
consideración artística del graffiti y, por tanto, ya podríamos ir
pensando en barajar un cuarto concepto: el Graffiti como
deporte.
No obstante, en este tipo de eventos se sigue manteniendo ese criterio
de no dejar de soslayo la calidad de los participantes, por lo que es
evidente que el Graffiti como actividad artística está sabiendo
integrar categorías y mecanismos visibles en otros ámbitos como el
deportivo o quizás, con más propiedad, en el menospreciado ámbito
circense, donde arte y aventura se estrechan indisociablemente.
A
mi juicio, me sería mucho más simpático e incluso más objetivamente
coherente vincular al Graffiti con el ámbito de la magia y la estética
del circo, refugio de la libertad y la fantasía, que con simplemente el
deporte, cuyos positivos valores de superación personal y
autoconocimiento igualmente se ven integrados en el circo. Es más, el
circo como espejo del mundo cuenta, entre otras, con una función
esperpéntica no muy alejada del espíritu iconoclasta y rebelde del
Graffiti.
También,
puede pensarse que la pulsión exploratoria o experimental de algunos
creadores del Graffiti, mediante la fusión del Graffiti tradicional con
otros lenguajes, otras plataformas comunicativas u otras técnicas o
manifestaciones artísticas, comparte esa senda de la
espectacularización del Graffiti. Incluso, su conversión en un arte
total, de carácter escenográfico, donde se crea una experiencia
completa para el espectador y el deleite de todos sus sentidos, con una
forma y un fondo.
Recuerdo
a este respecto experiencias como las concebidas por Sus033 durante
estos últimos años, donde el Graffiti trasciende con eficiencia su
esfera habitual como arte plástica a la esfera del arte escénico.
También hay que hacer una mención especial a la labor experimental
del colectivo Graffiti Research Lab, recientemente premiada con un
galardón FAD Sebastià Gasch 2007 y que se concede a actividades
parateatrales, incluido ese fascinante mundo del circo u otra clase
de espectáculos escénicos o urbanos no circunscritos al ámbito teatral.
Por
otra parte, conviene entender y aceptar que la condición de espectáculo
va muy ligada con la consolidación de un mercado y, por otro lado, con
el hecho de la consagración de este movimiento en el orden
institucional. Igualmente que su manifestación como algo
extraordinario, puede fortalecer la visión pública del Graffiti como
algo fuera de lo cotidiano o de la normalidad. Indudablemente, el
Graffiti está hoy por hoy muy ligado con lo festivo en su visión como
un acto social y no así en su faceta cómo práctica individual o
particular. Esta anormalidad del Graffiti por exceso es un riesgo, pero
merece la pena, sin con ello la visión negativa del Graffiti merma a
favor del resalte de sus valores positivos.
No
obstante, cabe reflexionar por parte de todos nosotros de si nuestro
modelo cultural como sociedad humana es coherente cuando se ensalzan el
Fútbol o el Graffiti como espectáculos, mientras no se permite jugar a
la pelota o pintar una pieza libremente, si no es en “espacios
habilitados”, o aprender a jugar o pintar sólo en "escuelas". Yo creo
que sí, pues va dentro de su pauta reguladora y de su tendencia a
profesionalizar toda aquella práctica que supone una ventaja social.
¡Pero, ojo! ¿Qué es una “ventaja social”? ¿Generar dinero o mejorar al
individuo como ciudadano?
El
show debe continuar. Por favor, ¡qué salgan a la pista los poetas del
gesto! ¡Qué el color de las risas arrope los grises ojos de aquellos
que perdieron la ilusión! ¡Los payasos! ¡Qué salgan los payasos! …Y me
pinten una sonrisa en el muro de mi corazón…
Fernando Figueroa
Diciembre, 2007
Publicado :2007-12-05
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