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Inicio > Reportajes Graffiti y palomas
El ayuntamiento de la ciudad de Leganés (Madrid, España) ha decidido multar con entre
Y esto, ¿qué tiene que ver con el Graffiti? En principio parecen temas muy alejados. Pero quizás no tanto.
Me
llamó la atención la noticia, porque siempre me resultó extraño,
incluso paradójico, la criminalización de actos positivos, incluso de
virtudes, como puede ser
Normalmente
este tipo de aberraciones se producen de modo parcial, para no resultar
muy evidentes: no se prohíbe dar de comer a todos los animales
silvestres, sino sólo a las palomas por motivos aparentemente
razonables. En el caso humano sería: no se prohíbe el crecimiento de la
población humana, sino de ciertos “grupos peligrosos”. Recuérdese, ya
como un ejemplo clásico, el caso de los judíos y otros colectivos
indeseados en
En
verdad, habrá quien piense que en el caso humano la reproducción
carnal, espiritual o ideológica de un grupo puede controlarse por su
“alimento”. Pero, posiblemente la misma privación de alimento puede
considerarse un motor básico de procreación o generación, incluso en el
más estricto sentido biológico.
Afinemos
un poco más. Retomemos el tema de la virtud enviciada. En el mundo
urbano muchas son las personas que en su soledad o disfunción social
buscan actividades que refuercen su autoestima y den sentido a su vida,
desarrollando una humanidad a veces reprimida o atrofiada, aunque sea
de un modo tan humilde como dando de comer en el parque o en una plaza
a unos pajarillos. Que estos se reproduzcan luego a expensas del lívido
despertado por la afrodisíacas migas del pan de trigo, no creo que
entre en su conciencia, pero está implícito en su amor por la vida.
No
obstante, su acto no es aprobado unánimemente, es más puede tildarse de
un acto incívico o incluso demente. Habrá hasta quien justifique, tal
como están nuestros valores culturales hoy en día, que es una idiotez
dedicarse a una actividad que no genera beneficio económico alguno (el
Bien de nuestro tiempo). Si además se puede alegar que genera gastos,
¡apaga y vámonos!
También,
maliciosamente, si puede ser una fuente más de ingresos para el erario
público y el pueblo lo pide, tenga o no buenas razones, que mejor que
aprovechar la ocasión. En verdad no hay mayor perversión que las que se
apoyan en la manida justificación democrática, aunque ataquen los
propios principios en los que se asienta una feliz convivencia social.
¡Mira que habrá medios para trasladar las palomas a otros sitios o de
tenerlas limpias, para no ocasionar infecciones! Pero igual le cuesta
más al ayuntamiento de turno o a los vecinos. Evidentemente, en esto se
echa de menos una mínima reflexión seria del sentido de las cosas y de
nuestra naturaleza.
Ahora,
no digo que la dinámica del caso del Graffiti sea exactamente así. Pero
sí que ciertos elementos me parecen equiparables, más allá de que se
atente con el patrimonio público (aunque ni todas las palomas ni todos
los writers atenten contra estatuas, pero qué más da, todos en el mismo
saco).
Por
ejemplo, si me apetece contribuir a mi comunidad con un bello mural en
un lugar que no ocasiona molestia y la ordenanza no me permite su
ejercicio o, de consentirlo de un modo regulado, lo coarta por una
burocracia más o menos farragosa que salva el tipo del sistema, no se
está reprobando en cierto sentido mi impulso positivo. Acaso,
¿culpabilizar una buena intención no sería una forma de pervertir
nuestra naturaleza comunitaria, en beneficio de considerar el poder
organizador como la única guía ética o moral a la que ciertamente
podemos entregar nuestra confianza frente a la proclama insegura de
cierto sentido común? ¿Es más no se vincula pervertidamente nuestro
ejercicio positivo con el emocionante deleite de la culpabilidad
delictiva?
Me
imagino que quizás dejar pintar legalmente, sería un modo de alentar la
reproducción de buenos ejemplos. Peor, sería alentar la profusión de
buenos ejemplos sin tener que pedir permiso a ningún “santo padre”,
lleve sotana o traje y chaqueta. En el fondo, no hay peor delito que
dejar que las palomas coman solas, sin necesidad del hombre.
Dejo
todo esto, como si se tratase de una parábola, abierto a la reflexión
del lector sobre el sentido de las reglas en nuestra sociedad y de
nuestros impulsos vitales.
Fernando Figueroa
Doctor en Historia del Arte
septiembre, 2007
Publicado :2007-09-09
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