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Inicio > Reportajes Minando las calles: Granada antigraffiti
Por
lo general, no es extraño ver por muchos países un dispar desbarajuste
en las políticas municipales que se ocupan en perseguir o regular el
graffiti o el arte urbano. Es más no sólo se asiste a un panorama en el
cual podemos encontrar municipios vecinos que diseñan programas
opuestos, por la concepción dañina o beneficiosa de su práctica y la
planificación subsiguiente de programas anti o prograffiti; sino que
también observamos cómo, con motivo del cambio de un gobierno municipal
o del responsable del área pertinente, se mudan los patrones por los
que se guían tales o cuales medidas. De la noche a la mañana, cómo
quien dice, vemos cómo a un paisaje de tolerancia le sucede otro de
represión, y viceversa. Da la impresión de que nada se gana, nada
crece, nada persiste.
De
este modo, el caso de la ciudad de Granada (España) pone hoy por hoy de
relieve esta circunstancia, tras pasar por un período de persecución,
un impás de aparente conciliación y la implantación normativizada de
una represión ciega. Así, un grupo de escritores, encabezados por Sex,
El Niño de las Pinturas, ha suscrito un manifiesto por la libertad de
expresión de los graffiteros granadinos, bajo el lema
Arte para todos( http://www.elninodelaspinturas.com/arteparatodos/ ). Es la reacción a una injusticia vestida de orden y pulcritud.
El
caso de Granada parecía una oportunidad magnífica en cuanto a integrar
de una forma positiva el ejercicio de un graffiti y un muralismo de
calidad. Ya las iniciativas y peripecias de Sex, concretamente desde el
2002, ponían sobre la mesa contradicciones y posibilidades. Pero con la
aprobación de
La
realización de toda clase de pintadas en la vía pública, tanto sobre
sus elementos estructurales, calzadas, aceras y mobiliario urbano, como
sobre los muros y paredes exteriores de edificios, paredes medianeras,
etc. Amparándose en esto, se habrían interpuesto ya más de 16.000 euros en multas. En principio esto parecería lógico, pero surge la duda de en dónde radica el interés municipal, pues según se afirma por los manifestados: no existe ninguna vía administrativa para conseguir el permiso municipal. Esto genera un callejón sin salida, pues aunque se cuente con el beneplácito del propietario, ello no basta, presentándose tal vía administrativa como fundamental para una feliz resolución de la coexistencia entre el Graffiti y la ciudadanía. Pero lo más sorprendente es que con frecuencia los funcionarios municipales ponen en duda sin remilgos la artisticidad de cuidadas y elaboradas producciones. Así la cuestión es insalvable por muy buena intención que se ponga por parte de los escritores. El debate en cómo se establece la artisticidad o quién es artista, se convierten en coartadas para obturar el proceso democrático.
El
progreso sin duda parece exigir que los escritores pongan más empeño en
conectar directamente con la base social, los vecinos, los ciudadanos,
que con los poderes políticos. Sin duda es lo más fructífero a largo
plazo y más alentador para la moral. La acción ciudadana y la
motivación cívica son básicos para contrarrestar y poner evidencia la
cerrazón y cortedad de los administradores públicos. Estos asoman como
un ente variable e indefinido, salvo en su rol de controladores
profesionales de la dinámica social y hábiles cocineros para el
nutrimento indiscriminado de las arcas públicas a bocados de cualquier
clase de desmandado o todo tipo de rebeldía.
Da
la impresión de que nada se gana, nada crece, nada persiste. Quizás sea
así desde el asiento de un despacho. Quizás sea así desde la pantalla
de un televisor. En las calles, todo eso puede ser diferente. Hemos
visto crecer bosques y nacer desiertos, pero nadie nunca vio morir la
esperanza del último hombre.
Publicado :2008-06-10
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